¿Participación criminal o tipo autónomo con reproche agravado? Un debate penal con implicancias prácticas.
El nuevo artículo 129-Q sanciona con hasta cadena perpetua a quien capte o persuada a un menor para delinquir, lo que ha generado debate entre penalistas: ¿era necesario crear un nuevo delito autónomo, si ya existía la instigación en los artículos 23 y 25 del Código Penal?
Desde una visión clásica, bastaría aplicar la figura del instigador o autor mediato, que recibe la misma pena del autor material. Y como en Perú los menores son penalmente imputables desde los 16 años, ya se podía sancionar a quien los manipula para delinquir.
Pero este nuevo tipo penal sí marca una diferencia clave: eleva cualitativa y cuantitativamente el reproche penal.
A diferencia de la participación ordinaria, donde el instigador comparte la misma pena que el autor, aquí se impone una pena más grave que al propio autor menor, e incluso más grave que al autor adulto en ciertos delitos.
Esto no es un error técnico, sino una decisión política y dogmática deliberada: El legislador quiere desincentivar específicamente el uso de menores por parte de adultos, reconociendo que el daño social es mayor, no solo por el delito, sino por la instrumentalización de una persona en formación.
Se trata entonces de un tipo penal autónomo con función protectora reforzada, que se justifica no porque no existiera una norma previa, sino porque la anterior resultaba insuficiente para expresar el desvalor agravado de esta conducta.
